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Che y los soñadores / Cap.52

Martín Bastida 6 Julio, 2017
Che y los soñadores / Cap.52

LOS SOÑADORES
(relatos sobre cine)

Che y los soñadores
El calendario marcaba 14 de junio de 2017. Un impulso irrefrenable lo llevaba a Pedro a buscar en su numerosa videoteca una película sobre el Che. No cualquiera de las tantas y malas que se habían hecho sobre el revolucionario, sino ésa donde actuaba Benicio del Toro y dirigía, paradójicamente, un yanqui que pendulaba entre la independencia y el mainstream como Steven Soderbergh. La desaparición física de su madre, el misterio de su padre, la adicción de ver, siempre ver, la avidez por un punto de giro que lo sacara de su vida de joven viejo, la necesidad de cambiar de espacio, volver a filmar…, eran los motivos por los cuales Pedro estaba sentado en el sillón con una lapicera y su cuaderno azul.
Cuando terminó la primera parte de la película, con la entrada del Movimiento 26 de Julio a La Habana, sonó el timbre. Pedro abrió la puerta. Eran Ernesto y Malena con una docena de facturas. Pedro les dijo que estaba lleno de ideas y que precisaba empezar a ver la segunda parte y que no lo interrumpieran. Ernesto y Malena pasaron directamente a la cocina y pusieron el agua para hacerse unos tés. Ernesto sacó del bolsillo de la campera un jengibre. Ambos estaban terriblemente congestionados y habían leído en internet que el jengibre servía para eso, entre otras innumerables cosas.

“Pronto, no sé cuándo, pero pronto vamos a enfrentar al enemigo. Nuestro contacto con el exterior será mínimo. Algunos moriremos, y es triste ver a tus compañeros morir, porque no puedes ayudarlos con tus mínimos recursos. La comida será escasa. A veces ni siquiera tendremos qué comer. Como si eso fuera poco, tendremos que soportar la inclemencia del clima. En fin, vamos a ser ripios humanos. Eso es todo lo que les puedo prometer. Piénselo bien. Todavía hay tiempo de regresar a sus casas. Después, será tarde. Para cerrar, quisiera repetirles lo que le dije a Monje, yo ya estoy aquí y de aquí sólo me sacan muerto. Y estaré al lado de los que se queden hasta la victoria.”

Afuera comenzaba a llover. Ernesto y Malena merendaban sigilosamente, mientras Pedro miraba hipnotizado la pantalla y, a cada rato, hacía anotaciones en su cuaderno apretando fuerte la punta de la lapicera contra la hoja.

“-Fernando, yo estoy un poco enfermo y… y no creo…
-Camba, no te puedo dejar ir hasta que nos encontremos con el grupo de Joaquín, porque si te agarran no sólo te pones en peligro tú, sino que también pones en peligro al grupo entero. Mira, Camba, para sobrevivir aquí y para triunfar, uno tiene que vivir como si ya hubiera muerto.”

Pedro escribió esto último como si fuera una máxima. Entonces el miedo a morir, que tanto lo afectaba, incluso desde el sillón de su casa, desaparecería de una vez por todas y empezaría a vivir como si el tiempo fuera un regalo. Pedro miró a sus amigos que, al igual que él, estaban inmersos en la selva de la provincia de Vallegrande. Se sintieron valientes. Y también sintieron frío. Experimentaron la lluvia, los ácaros, la indiferencia, el hambre, la desconfianza, el cansancio, las dudas, el ruido, las balas, el asma. Y, por un momento, conociendo el trágico desenlace que le había contado la Historia, los soñadores vislumbraron otro final, donde la revolución no sería un sueño eterno, sino una situación concreta para toda América Latina. Pero el Che y sus hombres (los que quedaban) estaban en la Quebrada del Churo, rodeados por un batallón del ejército boliviano. No había escapatoria. La muerte o la captura los esperaba.

“-¿Qué le hizo pensar que los bolivianos serían receptivos a sus ideas? Nosotros ya tuvimos nuestra revolución. ¿Usted no oyó hablar de la Reforma Agraria del ´52?
-Sí, Barrientos la vendió. Ahora lo que tienen aquí es una dictadura militar. ¿Ha visto cómo viven sus campesinos?
-Si esos campesinos están tan mal, ¿por qué lo han entregado?
-Tal vez creyeron sus mentiras.
-O tal vez acá nunca lo han querido.
-Sí, tal vez. O tal vez nuestro fracaso los despierte.”

En un par de meses se cumplirían cincuenta años del fusilamiento de Ernesto “Che” Guevara en la localidad de La Higuera. Aquel día, el 9 de octubre de 1967, también fueron fusilados el boliviano Simeón “Willy” Cuba y el peruano Juan Pablo “Chino” Chang. Ellos tres, más cincuenta y un varones y dos mujeres llevaron adelante la Guerrilla de Ñancahuazú, bajo el nombre de Ejército de Liberación Nacional (ELN). Sólo unos pocos sobrevivieron.
Pedro cerró el cuaderno, y miró a Malena y a Ernesto que demostraban la misma ansiedad que él. Había una necesidad de pasar a la acción: ser, definitivamente y sin excusas, hombres nuevos.

Fotograma: Benicio del Toro, como Ernesto “Che” Guevara, en Che (Steven Soderbergh, 2008)

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sobre el autor

Estudié Comunicación Audiovisual en la Facultad de Bellas Artes de la UNLP. Junto a mi productora Odradek Cine, escribí y dirigí mi primer largometraje: La Muerte Después (2009). También he realizado cortometrajes, documentales, institucionales y videoclips. Ah, escribo cuentos y relatos.

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