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“Corralón surge por las ganas de filmar”, Eduardo Pinto

Daniela Pereyra 2 Mayo, 2017
“Corralón surge por las ganas de filmar”, Eduardo Pinto

¿Cómo se construye una película? ¿Cuáles son los elementos que consolidan una historia que llega a la pantalla? Recursos, materiales, propuesta estética y mucha garra. Eso mismo se puede ver en “Corralón”, último largometraje de Eduardo Pinto, que tuvo su estreno en esta edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI). Protagonizada por Luciano Cáceres, Pablo Pinto, Joaquín Berthold y Brenda Gandini, con las participaciones de Carlos Portaluppi y Nai Awada, la película nos lleva por una ciudad gris, fría y cruda, en la que las relaciones humanas son pilares sobre los que se apoyan tanto la amistad como el desprecio.

Hablamos con Eduardo, Luciano y Pablo a la salida de la primer proyección, sobre esta nueva apuesta que además es el primer trabajo en conjunto con la productora que conformaron “Eusebia en la higuera”.

-¿Cómo nace la idea de “Corralón”?

Luciano: -Surge de algo previo que es el encuentro entre nosotros tres, ésta es la primer película que hacemos con nuestra productora, es el nacimiento de “Eusebia en la higuera”, que tiene que ver con la abuela de ellos dos que les contaba cuentos en la higuera del fondo de la casa, y a nosotros nos interesó esa iniciativa de contar historias y estamos contentos con eso.

Pablo: -Siempre quisimos hacer una productora con Eduardo, y justo yo estaba grabando con Luciano “Cien años de perdón”, un día estábamos comiendo y me dice, “¿Me puedo sumar con ustedes?”. Luciano era fanático de Edu, y así arrancó todo esto. Cuando nos sentamos dijimos, vamos a hacer el producto que nosotros tenemos ganas de hacer, que a veces no lo podemos filmar, vamos a hacer un cine más guerrero, mas laburante, y fuimos craneándolo. Con la productora nuestra intención es seguir laburando de esta manera, esto lo hicimos con mucha fuerza y mucha energía.

Eduardo: -Hay algo previo que es el encuentro con Luciano y con Pablo para filmar nuestras películas sin que nadie nos ponga palos en la rueda, ahí nos encontramos. Tomamos la decisión de hacer una película pero no teníamos la historia y Luciano quería algo duro, yo estaba haciendo unos fotos sobre casas tapiadas, me llama mucho la atención cómo nos encerramos o dejamos que el otro no ingrese a nuestro espacio, y a partir de eso empecé a escribir algo que fue “Corralon”, escribí veinte páginas, se las mandé a los chicos y Luciano dijo “Hay película” y la hicimos. Es una película amplia, sobre la amistad y la discriminación. Y esto de retratar el tiempo, el espacio y este universo oscuro que emerge. La pregunta es ¿aprendimos o no aprendimos?, ¿o tenemos que reeducarnos como sociedad?, un poco habla de eso, ves los dos lados, está la propiedad privada que es invadida, y también está la propiedad espiritual, que es la de Juan (Luciano) que es invadida, y el tipo se siente humillado y contraataca.

Luciano: -La película surgió de las ganas de filmar, y pensé que necesitábamos una carta de presentación, queríamos hacer un corto, un trailer, y no, en realidad teníamos que hacer una película. ¿Qué tenemos? en frente de la casa de Pablo está el corralón, y el tipo se re copó, y en base a eso hablamos de lo que queríamos contar, una historia que tenga que ver con el conurbano. Es una película que habla de las diferencias, quiénes son buenos, quiénes malos, todos son seres muy solos, sufridos, y algunos tienen una cabeza un poco distinta, y automáticamente pareciera que es locura, yo no sé cuán loco está mi personaje, porque está acostumbrado a vivir mal y eso lo naturaliza, ¿qué es la locura, quién está loco?

Pablo: -La película agarró la realidad y la historia fue por ese lado, eso es mérito del director

-¿Qué desafío representó construir los personajes de Juan (Luciano) y de Ismael (Pablo)?

Pablo: -Ismael es fresco, alegre, tiene su rencor y su lado oscuro muy guardado, y el tipo está discriminado totalmente. La idea era jugar un poco con los personajes, tuvimos la suerte que Eduardo que nos dio salida libre para crear nosotros al personaje. Luciano seleccionó los actores, me dijo, “Ismael sos vos”, lo fuimos alimentando y me imaginé un laburante, un pibe que viene del interior, que viene a laburar acá porque en su pueblo no hay laburo, y él quiere hacer plata, me fui por ese lado, y ahí empezó a surgir el mano a mano con el compañero, todo el tiempo con Luciano jugábamos a eso, y además somos amigos los tres, entonces ahí fluyó la historia. Está buenísimo que me hayan dado la posibilidad de hacer un tipo divertido y gracioso porque al ser tan parco el personaje de Luciano, tenía que contrarrestar con Ismael.

Luciano: -Mi personaje lo fuimos construyendo unas semanas antes con la idea del guión y luego con el rodaje, y empezaron a aparecer los personajes, los vínculos alrededor de esto, de una historia y una lección.

Eduardo: -Yo laburo con apertura ante los actores, es un ida y vuelta, es una película sensorial también, trabaja mucho el off, hay cosas no ves pero las imaginás.

Luciano: -Teníamos ganas de la trompada, de hacer una película que parezca costumbrista y de golpe gire y se vuelva casi de terror o de género, y creo que lo logramos, y porque llega a lo inesperado.

Eduardo: -La película tiene tres columnas, la primera es la costumbrista, empieza con una música “kusturisense”, bonaerense, la segunda se pone de suspenso y la tercera ya es un terror sádico psicológico.

-La música es de Axel Krigier, y la película sorprende desde el primer momento al ser en blanco y negro, ¿cómo definieron la apuesta estética?
Eduardo: -Soy fanático de Luciano, de Pablo, del director de arte, Jorge Daffunchio, que es un artista de Moreno, y soy fanático de Axel Krigier, entonces, armamos la “selección”. Es una música narrativa, clásica, hay una especie de hip hop, pero es fundamental la música, trabaja en la oscuridad y también relaja por momentos. Y el blanco y negro, hay escenas que en color podían desplomar, desbarrancar, desmoronar la película, el blanco y negro la pone en una estética, en un contraste mas expresionista, además tiene que ver con el invierno, el frío, la lluvia.

-¿Qué significó filmar en Moreno?

Pablo: -Filmar en nuestra ciudad fue increíble, era una cuenta pendiente con Edu, y fue muy emocionante para ambos, estábamos con una energía muy alta. Cuando éramos chiquitos Eduardo guionaba, yo leía sus guiones y hacíamos pequeños clips. Buscar el barrio para mí es costumbre, yo vivo en Moreno, acá pude volcar lo que siempre hice de chico, buscar personajes.

Eduardo: -La primera vez que filmé tenía dieciséis años y fue en Moreno, mi primer corto que se llama Juan La caja, estaba Pablo, Daffunchio, el director de arte y Fabián Lagui que es el que hizo la foto del afiche y ahí empezamos a filmar, y desde hace años que decía tengo que filmar en Moreno, tengo que volver, si soy de ahí, conozco todo, y es una geografía única, y con amigos. Es una película familiar, está mi papá actuando, mi hermano, filmamos en la casa de mis viejos, en la casa de mi hermana.

-¿Por qué es necesario que exista una cinematografía nacional y que se puedan hacer películas como “Corralón”?

Luciano: -Creo que lo interesante de nuestro cine independiente son los puntos de vista, que en este caso tiene Eduardo, sumado a nuestras miradas porque todos fuimos dueños del proyecto y la diversidad de puntos de vista hace que todo sea más interesante, si uno lee distintas cosas, podés tener conclusiones propias de algunos temas, si uno ve distintas cosas empieza a entender distintos temas y a tener elecciones que van más allá del gusto. Cada uno aportó para contar esta historia porque todos participamos del guión, comandados por él, estas películas son necesarias porque aportan nuevos puntos de vista.

Pablo: -Creo que el cine es eso, es la vida misma, es lo que uno vivió y lo vuelca sobre la pantalla. Hicimos la película en nueve jornadas, Eduardo dijo, “muchachos, si me siguen lo hacemos”, y el equipo que tuvimos fue fantástico, laburamos con gente de la zona del oeste, el director de arte es un viejo amigo, la vestuarista y maquilladora es de la zona y fuimos eligiendo de allá y armamos un equipazo, había una amistad, siempre en los rodajes formás un equipo, pero este fue más hermético y dijimos “vamos todos para adelante”, eso fue lo mágico.

Eduardo: -El cine es nuestro, el INCAA es nuestro y nosotros somos una sociedad que tenemos historia de cine, el cine de los años 30, 40, 50. Yo crecí viendo cine argentino con mi mamá, y es imposible frenarlo, porque los técnicos, los actores, los directores, todos salimos a la calle y vamos a seguir saliendo porque el cine es nuestro. Yo a los dieciséis años vi “El exorcista”, “La Patagonia Rebelde”, “Los últimos días de la víctima” en el cine de mi barrio y ahí me voló la cabeza, voy a seguir filmando, y voy a defender el INCAA porque hay fuentes de trabajo, es el Estado sosteniendo su cultura, su cine. El cine es una expresión cultural del pueblo, de la gente, no se puede frenar nunca.

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