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David Lynch y los soñadores / Cap.48

Martín Bastida 2 Marzo, 2017
David Lynch y los soñadores / Cap.48

LOS SOÑADORES
(relatos sobre cine)

David Lynch y los soñadores
Pedro y Malena están sentados en una cafetería de esas que hay en EE.UU. donde sirven malteadas y esas porquerías que suelen comer los yanquis a cualquier hora del día. Pedro y Malena están en algún lugar de Argentina. Verano. Época de vacaciones. Aunque parecen no estarlo. Sus mentes crujen.
-Y el tiempo se detuvo -así empezó Malena su relato del sueño recurrente del último año-. La euforia había languidecido, ya era casi imposible recordar lo anterior. De lo que había sido un proyecto, ahora quedaban partes, elementos corporales en desunión. Yo era una de las pocas sobrevivientes de un apocalipsis, las cosas habían cambiado mucho desde entonces. Todos los paisajes eran el mismo paisaje. El sol se había paralizado y, aunque el tiempo debiera seguir avanzando, la bola de fuego siempre estaba allí, gigante, al alcance de la mano, tan cautivante e imponente, como amenazadora, y el paisaje teñido de color amarillo anaranjado. Había un aire espeso… me asfixiaba. Ya no soportaba más, no sé cuánto había pasado, pero ya no podía seguir de esa manera, había caminado mucho, pero parecía hacerlo en círculos, lo único que veía era el mismo escenario, como si estuviera presa en una fotografía. Caminara donde caminara siempre volvía al mismo lugar: un colchón gastado y sucio, junto con una tetera de porcelana, con borde dorado y florcitas celestes, llena de agua. Eran la única conexión que tenía con el pasado. Sin embargo, en aquel lugar, me encontraba a salvo… ¿Qué pasa?
Pedro está con la cabeza gacha revolviendo el café.
-“Pensar en una cafetería es seguro. Puedes tomarte un café o un batido y alejarte hacia terrenos oscuros y luego regresar a la seguridad de la cafetería.” -Pedro alude a un escrito de David Lynch. Malena hace un gesto de aprobación. El humo del café se funde con el sueño:
-Sabía que había otras personas como yo, pero por algún motivo que desconocía, no tenía contacto con ellas… cada una encerrada en su foto. Mi placer era beber sorbitos de agua, así… ves, como este café que está hirviendo -Malena le da un sorbo. Pedro frunce la cara, mientras sigue revolviendo el café. Él también parece estar quemándose.
-De pronto, desperté, con la esperanza de que algo hubiera cambiado, pero todo seguía igual. Cada vez era más desesperante, la necesidad de que algo, por más insignificante que fuera, cambiase. Me desperecé y, sin querer, golpeé con mi mano la tetera de porcelana, derramando el agua sobre el colchón rotoso. Ya no tenía agua. Ahora sí era el fin. Tal vez eso me salvaría, pero sabía que nunca llegaría, porque allí no existía el tiempo, la decrepitud, el final; entonces apareció un lugar, de repente, lo habían instalado en mi cabeza, ellos, los que habían provocado el apocalipsis, lejos, muy lejos, un lugar de colores en la cima de una montaña, por fuera de esa fotografía que me mantenía encerrada, al que nadie podía acceder y que ahora me invitaban. Allí presidía un hombre con un sombrero de cowboy y un pañuelo rojo al cuello, que le costaba hablar de corrido, como si fuera extranjero. Comencé a caminar, sin pausa, mi mente estaba en blanco, la mirada firme en los pies, uno delante de otro, como si estuviera jugando un pan y queso. Un sonido como de ave conmovió mi inalterabilidad. Levanté la cabeza y vi una persona que iba por delante de mí. Él se frenó y giró su cuerpo. Nos miramos fijos por unos segundos, mientras yo me acercaba hacía él. Luego giró y continuó caminando. Bajé nuevamente la mirada y seguí con mi pan y queso y la nada. Unos metros más adelante, vi otros pies que se sumaban al viaje. Las pisadas no hacían ruido. Tampoco la respiración. El silencio era absoluto. Y allí fuimos, como sonámbulos, al mismísimo infierno.
El café entra al estómago de los soñadores como lava.

Fotograma: Michael Cooke (de espalda) y Patrick Fischler (de frente) en Mulholland Drive (David Lynch, 2001)

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sobre el autor

Estudié Comunicación Audiovisual en la Facultad de Bellas Artes de la UNLP. Junto a mi productora Odradek Cine, escribí y dirigí mi primer largometraje: La Muerte Después (2009). También he realizado cortometrajes, documentales, institucionales y videoclips. Ah, escribo cuentos y relatos.

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