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Invasión y los soñadores / Cap.54

Martín Bastida 7 septiembre, 2017
Invasión y los soñadores / Cap.54

LOS SOÑADORES
(relatos sobre cine)

Invasión y los soñadores
Pedro está sentado con la cabeza apoyada en el tronco de un árbol, un insecto excepcional recorre su hombro; Malena está boca abajo con el cuerpo y la vista hundida en el horizonte, su rostro está sucio; Ernesto, en cuclillas, sostiene un arma mientras mastica un tallo de jarilla. Se percibe apenas un camino de tierra entre la maleza del monte. Se avizora una acción. En cinco minutos, una hora o tres días. Pero es ahora. En este momento. Un Cadillac blanco a paso de mula transita el camino. Levanta polvo. Cuando la tierra vuelve a su lugar, aparece otro. Se repite el acto. Son seis actos en total. Pedro y Malena agarran sus armas y los tres avanzan a la par de los autos importados.
El paso es cauteloso entre tanta selva. Los soñadores y los Cadillacs parecen formar parte de un cortejo fúnebre. Algún que otro machetazo rompe con el silencio de la procesión. Y unos mosquitos corpulentos embarullan el aire. A Pedro comienza a faltarte eso. La altura lo aturde. Sus oídos se llenan de algo. Las sienes le laten como si fuera el preludio de una explosión. En ese momento, Ernesto pisa suelo fangoso y trastabilla. De la garganta de Malena surge una sonora onomatopeya para impedir la caída, pero sólo logra que los autos detengan su marcha. Finalmente, Ernesto cae. Rueda por la pendiente. Pedro está inmerso en su estado que se manifiesta en una exuberancia de pensamientos. Malena le ordena que se tire al suelo. Ernesto pide auxilio. Un señor con un piloto gris baja de uno de los autos. Del baúl, saca un arma del tamaño de su cuerpo, que no le cuesta nada manipularla. Hay otro señor vestido de la misma manera en el asiento del acompañante que mira hacia adelante. El señor que está afuera del auto, se lleva el arma sobre su hombro y dispara. El misil da en un árbol magnánimo que derriba otros de menor tamaño. Éste cae entremedio de las ubicaciones de Pedro y Malena. El señor entra al auto y los seis Cadillacs continúan su camino. Malena intuye que no fueron vistos y que el disparo se debe a una práctica de entrenamiento. De todos modos, en un futuro próximo, todo el monte será devastado. Éste es el último intento de llevar adelante una guerra de guerrillas, antes que la naturaleza se convierta en cemento.
Malena va al rescate de su camarada, mientras Pedro queda inactivo en su torbellino mental. Baja cien metros en cinco minutos, pero en lugar de tierra hay un río. La selva parece haberse tragado el cuerpo de Ernesto. Mira hacia arriba. No alcanza a ver el árbol magnánimo caído. Perdido en lo alto, Pedro siente dolor. Es su pierna derecha. A pesar que el cráneo está haciéndole presión alterando su sistema perceptivo, ve con total nitidez una rama clavada en la pantorrilla. No sabe qué hacer. El monte se transforma en una ciudad que no es La Plata. ¿Buenos Aires? Tal vez. Sin embargo, se llama Aquilea, la ciudad que Borges y Bioy Casares idean para el film Invasión, de Hugo Santiago. Ahí está encerrada la mente de Pedro. Aquilea está perfectamente encuadrada en un blanco y negro que subsiste al paso del tiempo. Ernesto y Malena no existen. Ni tampoco el amor que Pedro siente por ella y la amistad que tiene con él. Está nuevamente solo como tantas otras veces en estos relatos, como si fuera el capricho o el sueño de otro que insiste en crear personajes que se le parezcan para no quedarse solo. No hay resistencia. Vive a merced del autor. A merced de los dueños del mundo que insisten en hacer creer que no hay otras formas posibles.
Pedro se encuentra rodeado de los señores con piloto. Están a punto de propinarle una golpiza mortal.

Fotograma: Lautaro Murúa en Invasión (Hugo Santiago, 1969)

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sobre el autor

Estudié Comunicación Audiovisual en la Facultad de Bellas Artes de la UNLP. Junto a mi productora Odradek Cine, escribí y dirigí mi primer largometraje: La Muerte Después (2009). También he realizado cortometrajes, documentales, institucionales y videoclips. Ah, escribo cuentos y relatos.

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