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La imagen argentina: tradición y actualidad de nuestro cine

Daniela Pereyra 26 Diciembre, 2016
La imagen argentina: tradición y actualidad de nuestro cine

Los días 15 y 16 de diciembre se realizó la segunda edición de La Imagen Argentina en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC). El encuentro, organizado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y la ENERC, constituyó un espacio en el cual se pensó, habló y compartió cine. La tradición cinematográfica y la historia de la realización audiovisual del país fue la temática central que derivó en análisis sobre el canon en la producción, el peso de la industria cinematográfica, el rescate y reconocimiento a cineastas como Fabián Bielinsky, hasta la actualidad con cuestiones como el lugar del Nuevo Cine Argentino, qué es lo que se filma actualmente, el panorama pujante del cine documental y la necesidad de una cinemateca nacional.

“Es un orgullo poder hacer esto”, afirmó Pablo Rovito, rector de la ENERC, en la apertura y presentación de las jornadas, y expresó que a pesar de los cambios de gestión fue una “decisión manifiesta por parte del Ministerio de Cultura de la Nación y del INCAA sostener estos espacios”. Por su parte, el presidente del INCAA Alejandro Cacetta, sostuvo que “estas jornadas de reflexión son necesarias y sumamente interesantes para ver hacia dentro, hacia dónde estamos yendo, las distintas visiones y los distintos pensamientos que confluyen en nuestra cinematografía que es totalmente ecléctica desde la producción, la propuesta y la ideología”.

La primera jornada se abrió con una entrevista al cineasta Adolfo Aristarain, por parte de María Iribarren y Nicolás Prividera, organizadores del encuentro. “Se aprende de todas las películas, incluso de las peores”, aseguró el realizador de las películas La Parte del León, Tiempo de Revancha, Plata Dulce, Un lugar en el mundo, Martín (Hache), entre tantas otras. Luego de dar sus primeros pasos como asistente de dirección, explicó cómo llegó a su primer largometraje, “hice La Parte del León porque me gusta el policial y se decía que tenía un público cautivo, cosa que se demostró que era mentira, y la manera de seguir aprendiendo era hacer distintos géneros”

En relación con Tiempo de Revancha, estrenada en los últimos años de la dictadura argentina, manifestó que decidió meterse con el sistema y no con los representantes porque ellos van y vienen, “y por eso sobrevivió la película, porque con la censura que había en ese momento no la leyeron políticamente. Los militares en ese momento estaban intentando un pacto político con el peronismo, intentaban mostrar que eran políticos y no se iban a jugar a prohibir una película, y hasta lo felicitaron a Olivera” (el productor).

El foco de esta segunda edición estaba puesto en la existencia de una tradición cinematográfica, y en relación con esto, Aristarain mencionó a John Ford y Howard Hawks a la hora de pensar en referentes, aunque aseguró que “tengo una tradición muy mezclada. Yo aprendía de todos, el hecho de trabajar como asistente te obliga a prever lo que va a pasar, te hacés una puesta en escena mental, es un ejercicio y es constante, vas filmando la película a la par que el director. La experiencia es buenísima y te cambia de la noche a la mañana porque cuando tenés que dirigir toda la responsabilidad es tuya”.

Confeso autodidacto, describió al cine como un oficio “en el que hay muy pocas normas, no hay esquema para seguir que te diga que un guión va a ser bárbaro y tampoco lo hay para saber como tenés que filmar. El cine sigue siendo un arte que existe porque hay público, sin él no haríamos películas y hay muchos impedimentos, pero curiosamente es el arte más personal que hay, en las películas aparece el tipo que está dirigiendo, el yo aparece inconscientemente, y eso es lo más apasionante del cine, que se convierte en algo que es sumamente personal, por más que sea en equipo. Un director de cine es autor a pesar de él. Lo bueno es que no existe un método, si no sería aburridísimo. No hay un esquema de trabajo que se repita. El montaje es un misterio, lo que más me atrae de este oficio es no saber. Yo sigo yendo por las líneas de las historias que van surgiendo, lo que vas viviendo en este oficio”.

El cine como espacio para la reflexión en el cual el documental dijo presente. Emiliano Jelicié, Carmen Guarini y Fernando Krichmar participaron de la mesa sobre “El documental: la memoria como programa”, en la cual se refirieron a la tradición documentalista, militante y política de los años 60 y 70, con referencia y mención ineludible a Cine Liberación, Cine de la Base, Raymundo Gleyzer, Fernando Birri y la corriente documental de esos años en relación con la actualidad, y lo emerge hoy como cine militante. Jelicié, director de Ante la ley, estableció que “lo político transformador no es el film en sí, si no su contexto de exhibición, en lugares específicos pensados como transformadores. El espectador está antes que la obra y es el motor de la película”, y en ese sentido afirmó que “hay condiciones y razones para la existencia del cine político militante en cuanto hay una subjetividad, un malestar social y grupos de choque”, y que se debe “repensar el contexto de exhibición”.

Por su parte, Carmen Guarini, fundadora de Cine Ojo y organizadora y programadora de Doc Bs As, refirió la importancia de “pensar el documental en este momento que cobró nuevo auge”. Recuperó la experiencia de Cine Ojo como un “cine documental que construye memoria y que está destinado a tensionar el lenguaje. Cuando nace Cine Ojo en los años 80 nos pensamos como transmisores de una memoria que estaba ocurriendo y con la necesidad de hablar de la realidad”. Esa historia llega hasta el “cine de urgencia del año 2000”, y Guarini aseguró en relación con el cine documental como memoria y actualidad que el “documentalista es un sujeto derivado de un sistema social que lo contiene, del cual es parte y lo significa, y el documental es el depositario de la memoria colectiva”.

“El documental es la obra audiovisual en la cual lo que sucede en la pantalla va mas allá de la voluntad del realizador, toda obra audiovisual está hecha con recursos expresivos y juega con el artificio del arte”, estableció Fernando Krichmar, director documental y fundador de Documentalistas Argentinos (DOCA). Detalló los casos de “Después de Sarmiento”, de Francisco Márquez, “Pibe Chorro”, de Andrea Testa, hasta llegar a “La larga noche de Francisco Sanctis” dirigida por ambos, como un “camino virtuoso que se ve hoy para lograr una industria y que se genere algo más interesante y que tenga cierta democratización”. Hizo referencia al poder de la imagen como subjetivadora y  generadora de ideas y acciones, recordando a Gleyzer, Birri y Cine Liberación, para llegar a la actualidad y reafirmar que “hay que mantener la vía digital y lograr nuevas vías de exhibición. Es histórico que se hagan ochenta documentales por año. Estamos en un momento de lucha, pujanza y diversidad que hay que defender. Lo político es luchar por recursos y distribución”.

Memoria, tradición, historia y presente. El lugar de la industria. La apertura y diversidad para contar historias, producir y esa expectativa de generar algo en el espectador. Temas que se fueron derivando luego de dos días de compartir ideas y reflexiones.

¿Cuál es el lugar del Nuevo Cine Argentino? Nicolás Prividera propone una genealogía del movimiento que emergió a mediados de los noventa, en su libro “El país del cine” y ese fue el punto de inflexión en la mesa que compartió el autor y realizador junto a Sergio Wolf, director de las películas “Yo no sé qué me han hecho tus ojos”, y “Viviré con tu recuerdo”, y Eduardo Cartoccio, investigador y realizador. Cómo pensar el Nuevo Cine Argentino hoy, y cuáles son sus raíces en la historia del cine nacional. Hablando de relaciones filiales y padres fundadores, Cartoccio realizó un análisis acerca de las representaciones familiares en el cine de esos años, y sobre la presencia paterna más allá de las ausencias.

También hubo espacio para pensar el lugar de la crítica con referentes como Roger Koza, las relaciones entre cine y literatura, y recordar a Fabián Bielinsky pensando en la huella e influencia que dejó en el panorama audiovisual nacional. La imagen argentina cerró su segunda edición con una mesa sobre la importancia (y urgencia) de una cinemateca nacional. Este año hubo novedades al respecto con el nombramiento de Fernando Madedo como delegado organizador de la Cinemateca y Archivo de la Imagen Nacional, iniciativa que ya lleva años. A ello se refirieron Fernando Martín Peña, coleccionista, programador e investigador cinematográfico; Adrián Muoyo, director de la Biblioteca y Centro de Documentación y Archivo del INCAA; y Andrés Levinson, investigador en el Museo del Cine de la Ciudad de Buenos Aires. La imagen argentina habla sobre nosotros, nos interpela, a través del cine nos reconocemos, nos miramos y entendemos. La historia y tradición como necesidad de preservación para seguir construyendo y haciendo cine.

 

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