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Miradas Doc: se estrena el documental chileno, “Tierra sola”

Punto Cine 29 enero, 2018
Miradas Doc: se estrena el documental chileno, “Tierra sola”

Se estreno en Miradas Doc, el documental Tierra sola, de la realizadora chilena Tiziana Panizza.

Tras el velo que forma la visión idílica y eterna de los moais, la Isla de Pascua oculta la casuística de todos los fenómenos coloniales de la historia. El paraíso insular por excelencia, el paraíso misterioso y megalítico del que por efecto de la globalización todos hemos oído hablar alguna vez (vergel semiabandonado por unos seres considerados míticos durante largo tiempo, sometido luego a los procesos de aculturación modernos), reproduce con la perfección de un cristal pulido, como todos los paraísos, los signos de una decadencia irremediable.

De algún modo, las industrias del turismo han generado el simulacro de que todo territorio turístico lo es, básicamente, porque su dibujo se corresponde en gran parte con el croquis perfecto de un Edén. La Isla de Pascua no es ajena a ese proceso de escenificación maravilloso tras el cual, claro, se ocultan todas las aberraciones del sometimiento social y cultural que con la llegada de los chilenos no hizo sino agravarse: colonización cruel, esclavitud, creación de guetos, desposesión territorial, separación racial, desplazamiento cultural y lingüístico. Para estructurar todo esto, la documentalista Tiziana Panizza recurre a viejos documentos fílmicos, algunos de casi un siglo de antigüedad, y enfrenta esa imagen idílica (los moais, las laderas tapizadas de hierba baja, los volcanes que dibujaron los antiguos exploradores) a otra realidad, la actual, mucho más ingrata, infinitamente más ingrata.

Con esas viejas cintas, Panizza va construyendo un collage de gran expresividad que, sin embargo, solo da cuenta de una superficie en la que reina la naturaleza exuberante y los gloriosos signos del pasado. Cuando la película parece que va camino de convertirse en un relato íntimo, una especie de monólogo visual sobre los viajes de la directora a esa parte del mundo, todo da un giro inesperado e irrumpe el presente y la realidad. Se produce una especie de salto dimensional y el presente y la realidad no es otra cosa que la vida cotidiana, la vida tediosa y nada edénica, en una pequeña cárcel construida con chapas de hojalata y maderas. A partir de este giro todo es tratado de modo anónimo. Como los propios moais, testigos silenciosos de la trama, nunca se nos aporta el nombre de una sola de las personas que aparecen ante la cámara, tampoco se ahonda demasiado en las vidas privadas de los reclusos, de sus visitas o sus carceleros. No se nos da detalle de ninguno de ellos ni conocemos siquiera sus sentimientos o pensamientos. ¿Error narrativo, falta de empatía, torpeza? No lo creo.

La radical anonimia con que Panizza graba su película extiende sobre todo lo que toca una suerte de efecto de extrañamiento por el cual lo que vemos parece febril y ajeno, a veces incluso irreal. La metáfora no es tan obvia como podría parecer: el destartalado presidio es la representación fílmica, miniaturizada, de los procesos sociales y políticos que convirtieron la Isla de Pascua en un rostro sin identidad o con una identidad troceada en unidades que no pueden volver a ser integradas.

Al final, el proyecto de construcción de una nueva cárcel, más moderna y aparentemente más humana, es desechado por las autoridades chilenas: el macrocosmos nacional y continental se queda sin su referente microcósmico, el viejo presidio es desmantelado y se escenifica la reconciliación de los carceleros rapanui y los carceleros chilenos; escena que protagonizan, por cierto, dos mujeres. El arriado de la bandera de Chile en el patio del calabozo tercermundista y la lágrima de la carcelera rapanui no son signos intrascendentes.

Quienes lleguen al final de esta cinta, que pasa a veces por momentos de cierta (y acaso necesaria) languidez, se sentirán atrapados por un profundo sentimiento de melancolía crepuscular que no lograrán romper ni siquiera las engoladas y vacías palabras con las que el poeta Pablo Neruda, sentado bajo un moai que lo contempla estupefacto, trata de descifrar (según dice) el misterio de la Isla de Pascua.

Texto de Francisco León en la web oficial del Festival: http://miradasdoc.com/mdoc2018/descifrar-una-isla/

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