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Toda la programación del Festival Asterisco 2015

Punto Cine 3 julio, 2015
Toda la programación del Festival Asterisco 2015
El Festival Asterisco dio a conocer toda su programa. Asterisco es un festival internacional de cine sobre diversidad sexual que celebra las diversas y múltiples maneras de ser, de amar y de estar en el mundo; de relacionarse y formar familias, de convivir en equidad y respeto por las diferencias.
Competencia largometrajes

Do I Sound Gay? (Estados Unidos – 2014 – David Thorpe)

¿Existe un tono de voz fuera del closet? ¿La orientación sexual determina una tonada? ¿Hay un timbre de voz gay? Algunas de estas preguntas suenan en la cabeza de David Thorpe, quien las pronuncia en voz alta en este documental cuya primera persona del singular se vuelve plural. Incorrectamente disconforme con su propia voz, Thorpe decide investigar sobre su tono, en un periplo que le llevó mucho tiempo y en el que reúne a las voces de amigos, transeúntes, comediantes como Margaret Cho, actores como George Takei y profesionales lingüistas y fonoaudiólogos, incluyendo a una especialista en entrenar voces de estrellas de Hollywood como Robert De Niro. A partir de la indagación generacional de
la cultura americana y la influencia de Truman Capote y Liberace o los villanos de Disney, pero también teniendo en cuenta las particularidades de la propia biografía, el cineasta logra atravesar distintas capas de la experiencia de un tema paradójicamente silenciado. Estigma y homofobia, pero también construcción de una identidad: el sonido de la voz está pensado con la suficiente libertad para asumir y enfrentar los prejuicios propios y ajenos tanto como para elevar el grado de inteligencia propia y ajena.

De Gravata e unha vermelha? (Brasil -2014 – Miriam Chnaiderman)

“Ni varón, ni mujer, ni XXY, ni H2O”, canta nuestra poeta Susy Shock, y en esa breve y lúcida frase se resume el espíritu de De gravata e una vermelha. Chnaiderman construye este documental a partir de entrevistas a personajes ilustres como Ney Matogrosso, Laerte Coutinho y la estrella Rogéria, e incluye a jóvenes diseñadores de ropa, cantantes, performers, maestr*s y fotógraf*s. Transexuales, transgénero, transformistas, cross dressers, tod*s cuentan parte de su vida y la forma en que llegaron a ser quienes son atravesando los prejuicios de una sociedad heteronormativa, binaria y patriarcal. Para cada un* de ell*s el camino fue distinto, pero entre todos estos testimonios se arma una revelación única y necesaria: no podemos seguir educando a niños y niñas en la heterosexualidad obligatoria. La identidad de  género y la sexualidad son móviles, deben ser espacios de libertad que se transitan con alegría, nos dice la psicoanalista y realizadora Miriam Chnaiderman, y apoya esta revelación con un despliegue visual que incluye películas de Ed Wood, decorados saturados en brillo y tonalidad, vestuarios que parecen de otro planeta, luces de colores que explotan la pantalla y los sentidos, shows en vivo que llenan de energía, menciones a Pasolini, Barry Lyndon o Kubrick, y una banda sonora tan queer como vigorosa.

Dólares de arena (República Dominicana – 2014 – Laura Amelia Guzmán, Israel Cárdenas)

Si hay algo por lo que el film Dólares de arena merece ser visto y agradecido es por la actuación magistral de Geraldine Chaplin, que acepta con increíble generosidad el papel de una vieja dama francesa que, en lo que se consideraría el ocaso definitivo de una vida, decide reencontrar la posibilidad del amor y el deseo en una joven dominicana sin otro recurso que su belleza, recreando así una historia de intereses cruzados –afectivos y económicos – en la playa de Santo Domingo donde ella se ha retirado. Los directores tomaron la decisión de ir lo suficientemente lejos, recorrer la piel gozosa de la anciana, sus arrugas, sus manchas, sus depresiones;  documentar el abrazo contrastante con la anatomía firme de la mulata Noelí (Yanet Mojica). El cuerpo expuesto de Anne (Chaplin) opera como discurso sobre la vejez sexuada en detrimento de la “vejez correcta”, aquella que, si se revela enamorada o apasionada, debe quedar para el ojo discreto de la cámara en el primer plano de un rostro en el que el deseo es insinuación o sufrimiento.

El Hombre Nuevo (Uruguay -2015 – Aldo Garay)
“Cuando no tenés con qué coser, mejor es sacar”, dice Stephania, y con un cuchillo acomoda el vestuario que carga en un carro de compras, entre la intemperie y las pensiones baratas que no siempre quieren abrirle la puerta. Así enuncia la estrategia del despojo y, a la vez, una ética que sostiene toda la película de Aldo Garay, que sigue a su protagonista como esperándola, como si quisiera desaparecer detrás de ella. Stephania fue un niño modelo, alfabetizador de adultos a sus siete años durante la revolución sandinista, objeto de una adopción por parte de una pareja de militantes tupamaros que lo criaron en Uruguay y lo dejaron sin contacto con sus siete hermanos, y expulsada de su casa cuando se decidió a encarnar su identidad de género y quedó abandonada a la marginalidad que puede leerse en la trayectoria vital de la mayoría de las travestis. Sin énfasis pero con la crudeza de lo que se expone por sí mismo, aparecen la discriminación, el sexo pago, el trabajo más que informal en la edad adulta y la añoranza por aquellos sueños revolucionarios de los que Stephania fue parte. Sin embargo, el supuesto “hombre nuevo” de los ideales de las décadas del sesenta y setenta se revela con la crueldad que impone ese masculino hegemónico que solo deja para ella exclusión y desarraigo.

Heterofobia (Argentina – 2015 – Goyo Anchou)
La trama podría resumirse así: el joven Mariano sufre un desengaño violento con un amigo heterosexual, que desencadena su odio contra el orden (patriarcal) del mundo y finalmente encuentra la paz, esperando amorosamente la revolución. Pero lo singular de esta película no se agota en su tema sino en la forma elegida por Anchou para contarlo: la odisea de Mariano se despliega en una superposición literalmente infinita de texturas visuales y sonoras, propias y ajenas, en contrapunto casi permanente con una narración en off que procura (y logra) transformar todo lo banal en extraordinario. La música acompaña todo ese recorrido e irrumpe en la imagen de manera recurrente, por lo general en forma de guitarra, creando el clima necesario para cada fragmento ante nuestra mirada, generalmente atónita. El resultado tiene algún parentesco con la obra de Ernesto Baca y con algunas experiencias del Neoexpresionismo Digital, el movimiento instigado por Ricardo Becher. Pero en lo esencial es felizmente inclasificable, porque Anchou tiene su propia poética, una forma personalísima de combinar la gravedad con el desparpajo, una ética de la insolencia.
Je Suis Annemarie Schwarzenbach (Francia/ Suiza – 2014 – Véronique Aubouy)
De belleza andrógina y un charme melancólico que avivaba pasiones (la de Carson McCullers, por ejemplo), Annemarie Schwarzenbach (1908-1942) fue una escritora de singular lirismo, fotógrafa, reportera, trotamundos y arqueóloga suiza. Decididamente antifascista –mal que le haya pesado a su madre, simpatizante nazi –, lesbiana, morfinómana y amiguísima de los “terribles gemelos” Klaus y Erika Mann, no es de extrañar que su intensa y breve vida sea recuperada. Empero, a diferencia de documentales como Une Suisse Rebelle, de Carole Bonstein, o textos como Ella, tan amada, de Melania Mazzucco, Je suis Annemarie Schwarzenbach suspende la intención meramente biográfica. Aquí, “el ángel inconsolable”, como la definió Roger Martin du Gard, deviene en evocación celeste que “guía” excursiones experimentales, alucinados juegos de rol. Apenas un prisma, un pretexto que sirve a la realizadora francesa Véronique Aubouy para sostener la situación de casting como género e interrogar –no sin cierta ingenuidad– el eros, las identidades en tránsito, la utopía de la libertad, basando su búsqueda en las historias de las jóvenes actrices y los actores convocados. Oscilante entre la memoria íntima y la semblanza, entre la telerrealidad y la dramatización, entre el voyeurismo y un juego de circo, el ambiguo resultado intenta la identificación empática con un personaje tan atractivo como complejo. Y, de contar con la buena voluntad de su audiencia, probablemente lo logre por momentos.

Land of Storms (Hungría / Alemania – 2014 – Ádám Császi)

En los partidos de fútbol o en los vestuarios alemanes, Szaby soporta las reglas y el acoso de un entrenador sádico, aunque el clima que encuentra cuando regresa a su rústico pueblo húngaro no es menos violento. El traslado del protagonista apenas tiene una mención irrelevante, porque no es este un film de trayectos geográficos, ya sean físicos o psicológicos. En este sentido, la mención de que la ficción se basa en un hecho real no apunta al documento sino al dato político que subyace en los acontecimientos que empujan los sentimientos y la pasión hasta precipitarse. Uno de los méritos de Ádám Császi es su manejo virtuoso de los espacios por los que mueve a personajes que no terminan de encontrar un lugar definitivo para vivir con plenitud ya no su identidad, sino su elección sexual. Los paisajes, climas e interiores tienen aquí la densidad que les otorgan los cuerpos en su desplazamiento, como en la tradición del mejor cine húngaro. La concentración en esos cuerpos masculinos no rompe, sin embargo, un tono reflexivo y de intenso erotismo a la vez. Notable dosificación del tiempo narrativo que finalmente certifica un sutil pasaje, para los protagonistas y los espectadores: el que va de la incertidumbre a la inquietud, tal cual sucede con los circuitos de la pasión amorosa.

Night Flight (Corea – 2014 – Leesong Hee-il)

Night Flight transcurre en ese espacio privilegiado de lo narrativo que es la adolescencia, ese momento en que la subjetividad se ve trastocada por un deseo desconocido y, por lo tanto, se devela como incómodo e inconfesable. Aquí dos amigos de la infancia se enfrentan, entre sí y a ese deseo, de manera descarnada, violenta, desbordada y confusa. El deseo homoerótico es tan irreverente y demencial como la realidad que padecen ambos en un vuelo oscuro que no parece tener fin. Hay una desenfrenada presión por parte de los adultos que los rodean por convertirlos en personas exitosas y, aunque para las familias de cada uno el concepto de éxito no es el mismo, sí se juega a fondo una necesidad de convertir a esos adolescentes en líderes de algo. Ser el más fuerte de la pandilla o ser el que entra a la universidad más prestigiosa de Corea: la presión que se ejerce sobre ambos protagonistas solo puede derramarse en crueldad y ostracismo. La maniobra épica y visual a la que nos expone Hee-il Leeson hace referencia a un cine que aquí ha circulado mucho por festivales pero que en este caso va un paso más allá y despliega en su puesta una intimidad psicoafectiva muy poco transitada, encarnada por personajes que vacilan entre la intimidad del deseo y su posición social, entre la subjetividad y una realidad en ruinas, entre la violencia y lo entrañable.
 

The Duke of Burgundy (Reino Unido -2014 – Peter Strikland)

El coleccionismo de insectos como metáfora del sexo parece ajeno, pero si se piensa en el acecho paciente, en la violencia pequeña y precisa que se requiere para fijar a la presa con alfileres, en la mezcla de horror y deslumbramiento que hay en el cuerpo peludo de cada polilla y mariposa, algo hace contacto y saltan chispas. Algo como una perversión elegante, la misma que reúne a las protagonistas de The Duke of Burgundy en una casa de ubicación tan imprecisa como los sueños. Cynthia (Sidse Babett Knudsen) es la que manda, usa tacos altos, medias translúcidas y polleras entalladas, y aunque a veces le toca castigar a la mucama por no haberle lavado como corresponde las bombachas de encaje, la vacilación con que obedece los pedidos de Evelyn (Chiara D’Anna) hace tambalear los roles. Evelyn es la que limpia, llega a la casa de su amante en bicicleta y con una capa que le da un aire de colegiala sumisa. Le gusta que la patrona la ate y le aplaste la cara entre las piernas. El movimiento entre las dos, ese aleteo que va y viene del erotismo a la crueldad, es lo que Peter Strickland –un obsesionado del sonido– trata de capturar con morosidad de entomólogo en un clima alucinado, pautado por vuelos de polillas y chillidos de insectos.
 

Competencia cortometrajes

Afirmar con ello otro mundo  (Argentina – 2014 – Melisa Aller)
been too long at the FAIR (Estados Unidos – 2015 – Charles Lum & Todd Verow)
Como pez en el aire  (Argentina – 2015 – Fredo Landaveri)
Cosmic Anxiety  (Italia – 2015 – Renato Muro)
El novio actual  (Argentina – 2015 – Martín Shanly, Jerónimo Quevedo)
Happy & Gay (Canadá – 2014 – Lorelei Pepi)
Kumu Hina: A Place in the Middle  (Estados Unidos – 2014 – Dean Hamer, Joe Wilson)
O Clube (Brazil – 2014 – Allan Ribeiro)

Competencia Work in Progress
Estero Profundo (Jonatan Villar)
Hoy partido a las 3 (Clarisa Navas)
Karma (Damián Erviti)
Las Lindas (Melisa Liebenthal)
MOCHA (Francisco Quiñones Cuartas, Vida  Morant y Miguel Nicolini)

No es de maricas llorar (Diego Schipani)
Príncipe y Príncipe… y otros cuentos (Nicolás Sorrivas)
T y el canto de Lilit (Emilia Faur)


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